8 de junio de 2011

De qué me sirve ya

Hay días en los que me siento como una sirena varada en la playa por las algas. Con el alma atrapada en una mano gigante que aprieta con ganas el poco espiritu que me queda.
Y esos días son los que hacen pararme a pensar en qué playa estoy varado, por qué estoy atrapado y si realmente quiero seguir nadando a la deriva. Porque por mucho que me duela, no tengo un plan fijado por el cual guiarme sino que me dejo llevar por las olas hasta nuevas playas y nuevos continentes a través de corrientes más o menos fuertes y con nuevos compañeros de viaje.
Y creo que eso es lo que echo en falta. Algo permanente y que me ancle a algo. ¿Un novio? ¿Un amigo de siempre? ¿Familia? ¿Un lugar? Por lo menos sé que me estoy acercando a lo que me quiero. Aunque haya dado muchos rodeos. Y los que me quedan!

7 de mayo de 2011

Mi amigo "El Veterinario"

Mira que mucho aprecio tampoco es que le tenga. Pero lo que le ha pasado a El Veterinario es posiblemente lo peor que le podía pasar a nadie en la vida. Peor que si Risto Mejide se viera obligado a cantar en Operación Tehundo. El Veterinario es un personaje del barrio, al que todos conocemos por ese nombre porque siempre está rodeado de zorras, lobas... y lagartas en general. Y si no lo son, él las trata igualmente de forma chulesca, como si Mourinho tuviera que dar todo lo mejor de sí para intentar achantar con la palabra a Chuck Norris. Aunque no se puede decir de él que le guste rebajar a la mujer, porque siempre ha sido mucho de adoptar al respecto una postura reposada, para que se la chupen como estén más cómodas. Lo cual, tampoco le ha acarreado problemas con el sector más feminista: sus discusiones con ellas siempre han sido muy cordiales, ya que, como dice él, si no, se enfadan las muy hijas de puta. Tiene el hábito de visitar casas de amor mercenario desde hace muchos años, desde que conoció a su primera chica, que ya por entonces fue amor a primera Visa. Y aunque él se llevó la mano al pecho y sintió algo parecido a un flechazo en el corazón, en realidad aquello fue una clavada en la cartera. Y desde entonces, rara es la noche que no se acerque al puti que hay en un piso en las afueras, a 3 minutos en coche de su casa... o a 45 tambaleándose a cuatro patas por las calles, que es como lo hace El Veterinario. Porque admitámoslo también, El Veterinario no siempre piensa en lo único, también piensa que no hay bar que por bien no venga, y que para gustos, los licores. Y recostado sobre la barra del bar, causa auténticas hemorragias a las botellas de toda la estantería de arriba. Porque el tío cuando sale de casa toma de todo menos decisiones y va a tiro hecho, a lo de cada noche: beber mucho, y acabar bebido... y mamado. Ya se sabe que follar es como tener dinero: si tienes suficiente ni siquiera piensas en ello, pero cuando te falta, no piensas en otra cosa. Y a El Veterinario, lo normal es que cada semana se le presenten un par de noches tontas en las que le da por el pensamiento monotemático. Le encantaría poder resistirse a la tentación, pero francamente, no le da la gana. Así que sale del bar con ganas de ir a ver a una de esas señoras que cuando se desvisten, quedan en ropa de trabajo. Y que te hacen un par de truquillos, cogiéndote tus papelitos de colores y transformándolos instantáneamente en su conejo, echando un polvito mágico. Solía hacer una procesión nocturna hasta el barrio donde estaba el puti. Atravesaba callejuelas oscuras llenas de gente dispuesta a atacarte en defensa propia. Iba cruzando sin prisas callejones tan amenazantes, que hasta una familia de yonkis que vive en la zona y que tiene un rottweiler del tamaño de un Twingo, ha pedido al ayuntamiento que ilumine su callejón. Y es que se ve que por la noche, en su callejón, el perro caga intranquilo. Y en mitad de todo aquello, un desafiante portal bordeado por unas luces de neon. Eso es un portal que da miedito, y no la mierda que prepara Google la noche de Halloween. Un portal, al que sólo el inconsciente se adentra, cruzándolo como quien cruza un portal a otro mundo: al otro mundo. El Veterinario habitualmente conseguía llegar sin percances y de una pieza. En parte porque a cuatro patas no se producía lesiones medulares al caerse. Y en parte porque con esos andares cuadúpedos, hacía pensar a casi todos los potenciales amigos de lo ajeno que el bulto que se movía se trataba de un animal de granja y no de un borracho. Un borracho que además llevaba encima el dinero suficiente como para pagar la entrada de varias mujeres en régimen de multipropiedad. Una vez El Veterinario conseguía entrar, mientras se espabilaba lo justo para tener conciencia de sí mismo, se codeaba con la que, en comparación con él, podría denominarse la flor y nata de la intelectualidad. Intelectuales de la música, recién salidos de un concierto de Camela. Uno sospechaba si no habían llegado hasta allí montados en coches de choque. Padres de familia que, como ya se sabe que los reyes son los padres, iban cargados de incienso para liar, de oro... y de birra. Tras esperar su turno, le encasquetaban a la primera parroquiana que quedara libre. Y según el día, podía tocarle carnaval o penitencia, aún siendo El Veterinario el pagano. Y si no estaba de acuerdo con la penitencia, podía pedir la absolución: tomarse media botella de Absolut y juzgar si le seguía pareciendo fea la chica. Pero a fin de cuentas, raro era que la rechazara, porque si una chica le dice un “ego te absorbo”, eso, hostias, eso va a misa. Y se conoce que hace unas semanas sólo había libre una chica con una lengua extra-ordinaria. No tanto por lo soez y lo malhablada, sino porque dicen las malas lenguas que ella hace con la sinhueso lo que la Real Academia: limpia, fija... y da esplendor. Pero aun así, tenía la pobre muy mala pinta. Con ese aspecto, y aun trabajando en un sector en expansión con amplias perspectivas de crecimiento, la tía no tenía un futuro laboral muy prometedor. Seguramente, si alguna vez en la vida la industria de la prostitución hace un ERE, ella sea de lasprimeras en caer... aunque para entonces lleve jubilada varios años. Pero en resumidas cuentas, perdiera o no el trabajo, iba a terminar igualmente jodida...

17 de abril de 2011

Macetas para la baranda del balcón

Os dejo este diseño de maceta (visto en www.x4duros.com) que me ha parecido lo más. Así si me apetece poner plantas en mis balcones.
¿A alguien se le ocurre cómo podría hacer una versión casera del mismo sistema?

16 de abril de 2011

Mi amigo "El Volcán"

Era normal que El Volcán estuviese deprimido. El Volcán es un chico al que llamamos así, no porque sea muy fogoso, sino porque ha permanecido muchísimo tiempo inactivo. Y no sólo en el terreno laboral... A su edad, El Volcán sigue viviendo con sus padres, porque como dice la serie de televisión, sin pelas no hay para piso. Pero no todo es el dinero, que en esta vida hay cosas más importantes... pero son tan caras...
En realidad lo que más le amargaba a El Volcán era su triste vida amorosa. Aunque no tenía un duro porque recientemente se había apostado todo su escaso dinero a que no era ludópata, y perdió, El Volcán había comentado ya en alguna ocasión que pagaría por encontrar a una mujer que no le cobrara. Y es que el tío no pilla nunca, a estas alturas, su semen debe de ser ya gran reserva. Se rumorea que ha follado menos que una mantis religiosa macho.
Alguien le comentó que fuera a ver a un terapeuta. A El Volcán, a lo más que le sonaba un terapeuta era a 1024 gigapeutas, pero se decidió a pasarse por su consulta. Lo único que le dijo con algo de sentido es que no pensara que follar era pecado. Pero eso ya lo sabía El Volcán: qué pecado ni qué pecado, follar lo que es, es un milagro. Y lo que terminó de hundirlo fue cuando le dijeron que no tenía que angustiarse, que la juventud venía empujando fuerte... y eso es todo lo que él quería, una joven con la que empujar.
Cuando El Volcán volvía a casa, pasó por una casa okupa y tuvo la idea que cambiaría su vida: se metería a vivir en una comuna hippie. Ya se lo imaginaba: fiestas tan brutales que la nevera estaría cargada a partes iguales de cerveza y Betadine, orgías salvajes... y todo sin dar ni palo. En realidad para él, todo aquello era accesorio, buscaba solamente a alguna chica que viera a un hombre y se pusiera enferma, una chica que anduviera buscando un médico de cabecero. Una chica siempre abierta, como una tienda de chinos... Nada más llamar a la puerta le abrió la que parecía ser la única ocupante de la casa, una chica de la que se podría decir que era guapa y alta de no ser porque era fea y bajita. El Volcán se imaginaba que en esa casa tendrían sus reglas, pero se preguntaba si el ir despeinada y oliendo a choto sería una de ellas. Aun así, El Volcán le contó su problema y ella le invitó a que pasara a su habitación. Aquella chica tenía un corazón que no le cabía en el pecho, por eso tenía esa barriga. Y aunque daba toda la sensación de que en esa casa acababa de estar Godzilla de botellón, el dormitorio no se podía decir que no le diera a El Volcán buenas vibraciones. Sobre todo cuando vio un consolador sobre la mesilla de noche... Las cosas se estaban poniendo bien cuando hizo acto de presencia el perro de la chica. Aquello parecía un pit bull cruzado con una picadora de carne. A juzgar por su aspecto, su nombre debería de ser algo así como "Carnicero". Tenía más dientes que una caja de cambios y el mismo peligro que un Gremlin llevando un descapotable a un autolavado. Y al parecer su relación con su dueña era bastante estrecha, estaba hecho todo un perrito faldero... Ya se sabe que no hay que morder la mano que te alimenta, pero nunca se ha dicho nada de alimentarse de la mano del que le está dando un muerdo a tu dueña, sobre todo cuando pasas más hambre que el Tamagotchi de un sordo. Así que, para salir de allí, El Volcán empleó al máximo sus dotes de mano izquierda, porque la derecha la tenía rodeada de dientes. TTuvo que salir de allí por patas, mientras aún conservara todas. Pero aquella experiencia hizo que se replanteara su existencia. Llegó a la conclusión de que si tirara su vida a la basura, ni las ratas se la comerían. Pero pensando en todas las oportunidades que le ofrecía la vida, se decidió a conseguir un poco de dinero e invertirlo en la bolsa. En comprar la bolsa de Dog Chow con la que tiene intención de volver a esa casa okupa...