22 de septiembre de 2010

Mi amigo Marciano

Menuda la que se le ha venido encima a El Marciano. A El Marciano no le llamamos así porque cuando llega tajado a casa siempre le dice a la novia "voy a aMarte", sino porque no para hasta que acaba con el último Terry-Cola... y de paso con cualquier rastro de ser una forma de vida inteligente. El Marciano es de los que cada noche, al volver a casa, tiene el vago recuerdo de que bebía para olvidar. Desde que tiene uso de razón, a los Reyes Magos siempre les ha pedido oro, incienso, y birra. Y no sabemos qué tipo de poción de amor se tomó una noche, pero decidió casarse. Y claro, los colegas, en qué hora, decidimos organizarle una despedida de soltero.

No teníamos mucho presupuesto, así que lo llevamos a un local de strip-tease que dejaba mucho que desear. Había por las esquinas pelusas que parecían cobayas, y en el baño, lo que inicialmente parecía ser un montón de pelucas de las strippers, resultó ser una rata que le echas una túnica por encima y es completamente el maestro de las Tortugas Ninja. El barman tenía por lo menos 10 dioptrías de antipatismo y más mala cara que un chino matado a pellizcos. Y la media de edad de las chicas... digamos que la única del garito que aparentaba tener algún año menos de los que tenía era la botella de whisky de 12 años... Vamos, que el sitio probablemente tenga tres lorzas en la Guía Michelin.

La publicidad del garito anunciaba la participación de 10 esculturales bailarinas vestidas con 4 trajes impresionantes. Prometían un espectáculo de cine, pero lo más cercano a eso era el culo en cinemascope de la bailarina. Viendo al resto de chicas que pululaban por allí, nos quedó claro que ya que a la bailarina le había resultado imposible adelgazar, le había pedido a dios que engordaran todas sus compañeras de trabajo. Además, se veía que la chica tenía mucha soltura, se diría que tenía más tablas que el arca de Noé. Pero en una bailarina, la experiencia casi nunca es un grado. Con ese cuerpo y esa cara, la cogen para Cambio Radical y se aseguran dos temporadas de operaciones.

15 de septiembre de 2010

Mi amigo "El Analfabeto"

"Esta experiencia la recordaré por siempre jamás... o hasta que se me olvide". Esto es lo que me ha contado mi amigo El Analfabeto sobre su viaje de vacaciones. Al Analfabeto lo llamamos así porque siempre se come alguna letra: la del coche, la de la hipoteca... No tiene un duro, y claro, es más agarrado que una pelea de monos. Es de los que, entre varias ofertas gratuitas, siempre busca la más barata. Gasta menos en ropa que Portugal en espías y ya le han hecho varias ofertas de Cuéntame para comprarle el fondo de armario. Y eso que no lo han visto en ropa interior, que yo le he conocido gayumbos que daban toda la pinta de tener edad legal para votar.

Como anda pelado como el culo de Luis Aragonés, le pareció estupendo cuando su novia le propuso ir a pasar unos días a la playa al apartamento de sus padres. Pero al entrar en el piso se le puso una cara que sugería que lo que más temiera que le sucediera, fuera lo que fuera, ya le había sucedido. Efectivamente, nadie le había dicho que los suegros iban a estar con ellos.

Si exceptuamos una operación a corazón abierto, o el primer intento de un saltador de esquí, pocos momentos más delicados hay en esta vida que el irse de vacaciones con los suegros. Y además, los suegros de El Analfabeto son de los que se casaron hasta que la rutina los separara: un coñazo. El padre es Guardia Civil, más de derechas que el grifo del agua fría, y la madre es ama de casa, y hay que decir que vivieron felices durante 20 años... y luego se conocieron.

Como eran unos suegros chapados a la antigua, la única educación sexual que habían tenido, había sido la de dar las gracias después de echar un polvo. Así que nada más llegar, el suegro le dijo a El Analfabeto, mientras engrasaba su arma reglamentaria, que dormirían ellos dos juntos y su hija lo haría con su mujer.

El suegro resultó que roncaba como una hormigonera derrapando. A su lado, un oso cavernario era Winnie de Pooh. El Analfabeto apenas conseguía dormir en toda la noche y encima a las ocho de la mañana tenían que estar cogiendo sitio en la playa. El Analfabeto no es alguien precisamente con ansias por hacer cosas: he visto a toros apuntillados con más vidilla que él... Con decir que si algún día El Analfabeto se había levantado pronto, fue más que nada para poder estar más tiempo sin hacer nada.

Tras muchos días de no pegar ojo, una noche El Analfabeto decidió hacer un movimiento: enrocarse en el mueble bar y hacerle un jaque mate a la botella de whisky. A cada copazo que se metía, en el palo del cubata le ponía un "sigue rascando". Al volver a la habitación, cualquiera que hubiera cambiado unas palabras con él, se hubiera convertido en bebedor pasivo. Por fin pudo dormirse y tuvo un agradable sueño heroico de 3 rombos que incluía a su novia.

Se despertó sin ropa interior y en la cama del suegro, abrazando su ausencia en el colchón, quien seguidamente entró en la habitación trayéndole el desayuno con la mejor de sus sonrisas. La situación era muy delicada, porque su suegro no era agresivo, era curioso: solía dedicarse a matar a gente para ver si morían. De hecho en el cuerpo siempre le había llamado El Refranero, por aquello de que "al pan, pan, y el muerto al hoyo". Y ahora resultaba que en realidad era más suave que el culito de Mimosín.

El Analfabeto consiguió inventarse una excusa para volverse ese mismo día. El "hasta que nos volvamos a ver, si es que no nos vemos antes" guiñándole el ojo que le había dedicado el suegro al irse no lo dejó muy tranquilo. Ya está buscando excusa para no ir a la cena de Navidad, y desde entonces no para de tener pesadillas en los que un guardia civil le mete un puro, y los puntos, en vez de quitárselos, se los tienen que dar con aguja e hilo...

2 de agosto de 2010

Mi amigo, Sol de Invierno

Ya lo había intentado en otras ocasiones, sólo que esta vez le salió muchísimo peor. Hablo de mi colega El Sol de invierno. El tío es todo un dandi, de los que se tiran dos horas arreglándose en el baño y cuando sale, parece que se ha echado la laca con un extintor. Y tiene ese apodo porque siempre anda metido en algún equipillo de fútbol, y es de los que calientan poco y salen tarde. Y es que aparte de a su físico (está mazado y tiene menos cuello que un muñeco de nieve) él le da mucha importancia al fútbol, que dice que es como el ajedrez, pero sin los dados. Y por eso, con esto del mundial se emocionó y quiso prepararse en serio. Se tiró el tío meses entrenándose. Se puso a correr como un loco, como si estuviera preparándose para ir a las rebajas de verano. Tanto tiempo estuvo pedaleando en la bicicleta estática en el gimnasio, que el sillín le dejó la raja del culo como el escote de Ana Obregón. El tío se creía Superman y consiguió entrar en un equipo decente, pero le pasó lo que te pasa cuando vas de guay y no llegas ni a chachi: en el minuto uno le lesionaron.

Y es que a El Sol en la primera comunión le dieron su primera hostia, pero la vida le tenía reservadas unas cuantas más. Uno de los jugadores del equipo contrario tenía un pedazo de cabeza como para tener personalidad quíntuple. Vamos, que le pones un cascabel al cuello y es completamente Doraemon. Y encima el tío tenía muy mala leche, y es que ya se sabe, si la gente follara más, jodería menos. Así que disputando un balón alto, le metió un cabezazo en toda la cara a El Sol y lo dejó como a Mister Potato, con todas las piezas desparramadas por el suelo...

Llevaron a El Sol al hospital y al poco tiempo lo mandaron para casa. Le dieron la baja, algo que a El Sol no le hizo demasiada ilusión porque es uno de esos tipos a los que el trabajo no le mata: es funcionario. Pero se le quedó la cara hecha un Cristo, vamos, que hubiera sido antiestético aunque trabajara como locutor de radio. Si esto le hubiera pasado hace 20 años, seguro que Mariscal se hubiera inspirado en su cara para dibujar a Cobi. Más que en un hospital, parecía que le habían operado la cara en un desguace.

Así que siguió su periodo de convalecencia en casa. La verdad es que El Sol no es un tío que se haga querer. Es una de estas personas en las que puedes depositar tu confianza, pero eso sí, no esperes que te dé ningún interés. Es bastante ruin y muy agarrado. Cuando le pides algo, lo único que te da es la espalda. Así que durante las primeras semanas el único que llamó a su puerta fue el del Círculo de Lectores, que el pobrecito sufrió dos paradas cardiorrespiratorias cuando abrió la puerta y lo vio. Pero el tío, muy profesional, no cejó en su empeño hasta que le hizo socio.

Un día fuimos varios a hacerle una visita. Y la verdad es que El Sol se había echado a perder en ese tiempo. No se cuidaba y tenía la casa que parecía que se la había alquilado al mismísimo señor Diógenes. Para entrar tuvimos que hacernos paso entre una barricada de cajas de pizza. La casa tenía tanto polvo, que al entrar en el dormitorio tuvimos una sensación muy similar a la que tuvo que tener Howard Carter cuando entró en la tumba de Tutankamón. Sólo que en vez de sarcófago y máscara mortuoria, ahí estaba El Sol en la cama con la cabeza vendada. Y es que El Sol se pasaba el día tirado en la cama sin hacer nada. Para contar las veces que se había echado un poco de agua por encima te sobraba una mano y seis dedos. Y decir que en su periodo de convalecencia su vida sexual estaba libre de polvo y paja era una verdad a medias. Y es que el chaval dormía como el niño Jesús, entre pajillas.

Realmente estaba muy alicaído, hasta sus debilidades eran más fuertes que él. Intentamos subirle el ánimo, pero aquello era más difícil que darse de baja del ADSL. Por su cabeza rondaban pensamientos tétricos, como suicidarse o hacerse del club de fans de Karmele Marchante. Creía firmemente que lo único que podría aplacar su sufrimiento era la muerte...

Y en efecto, así fue. La muerte, pero no la suya, sino la de un familiar lejano que le había nombrado único heredero de una fortuna. Así que lo primero que hizo El Sol fue gastarse parte del dinero en aquello que le devolvería su belleza perdida: se compró un Ferrari. Desde entonces, no hay chica que se le resista y El Sol ha vuelto a salir. Y es que como dice un sabio amigo mío: la salud va y viene, lo importante, es el dinero...

31 de julio de 2010

Cómo hacer alfileteros de dedo

Si no sabes que hacer con las tapas de plástico de los refrescos o de las botellas de agua puedes empezar creando un bonito alfiletero con esas tapas de que pensabas tirar.
Materiales: Tapas de refresco, retal de tela, goma elástica, guata, aguja e hilo.
Pasos para realizar el alfiletero:
1.-Marcar en la tela un circulo2.-Rellenar con guata esa tapa de gaseosa 3.-Coser y fruncir la tela de la siguiente manera envolviendo así toda la tapa de gaseosa con la guata. 4.-Coser el elástico en forma de anillo.Y usar este bonito alfiletero en tu dedo, cuando tengas alguna labor que hacer.

20 de julio de 2010

Mi amigo El Dentista

Ay, ya le ha pasado otra vez lo mismo a El Dentista. El Dentista es el típico colega buena gente al que llamamos así porque siempre te arranca una sonrisa. Pues le ha vuelto a dejar la novia justo antes de la boda. Y es que el tío es de nuestra edad pero ya se ha intentado casar cuatro veces: la primera por la iglesia, la segunda por lo civil, la tercera por lo criminal y esta cuarta vez por idiota.

Si en cualquiera de las bodas hubieran cambiado los muñequitos de la tarta por dos Pokémon, nadie se habría dado cuenta. Porque El Dentista será muy buena persona, pero es tan feo que hace llorar a las cebollas. De su físico se podría decir que es normal... con matices. Si la belleza matara, él sería inmortal. Y es que los hay guapos y luego gente como él, que son la cara B. A un tío tan buena gente como es él, decir que está gordo, queda mal, más bien digamos que es poco denso. Sus camisetas son de tamaño iglú. Ha ido empeorando con los años y es el vivo ejemplo de que del deporte, también se puede salir. Y es que lleva unos años que cada vez que come, parece que le esté haciendo un homenaje a Holocausto Caníbal.

El Dentista andaba de nuevo desconsolado porque alguien se estaba haciendo un zumo con su media naranja. Llevaba todo el día una cara cuya mejor definición era la de "último cachorrito en la tienda de animales". Tenía una pena de tamaño familiar y le consolábamos diciéndole que en el fondo una boda sólo es un acto en el que se crea un cristo más, y una virgen menos. Pero estaba fatal, pensaba en cosas horribles como morirse o que le llamaban de Recursos Humanos. Ya hasta se tuteaba con la muerte y esa obsesión suya por suicidarse le estaba quitando la vida. Y eso no puede ser, antes morir que perder la vida. Así que los colegas decidimos echarle una mano...

Primero pensamos en organizarle una cita a ciegas. Pero su única opción de triunfar hubiera sido que la chica no se quitara la venda hasta después del desayuno. Eso, o que le consiguiéramos la cita con una chica afgana que hubiera cometido el desliz de ponerse la burka con la parte de delante atrás. Así que tras darle más vueltas que Valdano en una rueda de prensa, pensamos en organizar una sesión de espiritismo a la luz de las velas con unas crédulas amigas nuestras que siempre están rodeadas de fantasmas. Porque si algo tiene el Dentista, es que es de esas personas que son más guapas con la luz apagada.

El plan era perfecto: convocaríamos a Cupido y con algún truco que accionaríamos cuando el espíritu se manifestara (un espíritu según la policía y 217 según los organizadores) convenceríamos a El Dentista y alguna de nuestras amigas de que eran la pareja ideal. Por si la cosa no se daba bien, nos llevamos a una de esas chicas que gana mucho desnuda... y que aceptan pagos con tarjeta. La señorita representante del sector de relax tenía toda la pinta de apellidarse Pataky: debajo de la ropa tenía toda una clase de anatomía, más patas que un saco de arañas, y de cara... carísima. Y encima llevaba una ropa que no se le veía el chichi por los pelos.

Llegó el día y estaba todo preparado. Pero en toda reunión nunca falta el tío que sobra. Y lo peor es que iba a estar allí hasta que se fuera. Y tanto que lo hizo. Movido por la tensión del momento a uno de los colegas se le relajó el esfinter y se tiró un pedazo de pedo que parecía que más que a Cupido habíamos invocado el espíritu de Louis Armstrong entonando a la trompeta el "When The Saints Go Marching In".

Tuvimos que echar mano del truco de que se abrieran las ventanas solas pero el ambiente estaba tan cargado, que se podría haber hecho bloques de hormigón con él. Se arruinó todo y nuestras amigas se fueron. Así que como no había llegado a meterse ningún espíritu en el vaso, aprovechamos para llenarlo de bebidas espirituosas y aunque la mercenaria del amor no era una chica formal, conseguimos que El Dentista tuviera con ella una felación seria durante todo el fin de semana. Y es que lo bueno en exceso, puede ser maravilloso. Porque en esta vida hay que hacer lo que le dijo un jardinero a otro: disfrutemos mientras podamos...